EVOLUCIÓN

 

CERÁMICA PROTOGEOMÉTRICA (siglos XII al X a.C.).

Guarda relación con la cerámica micénica. Ésta se decoró en primer lugar con líneas ondulantes de aspecto vegetal, pero la más representativa es aquélla que cubre el vaso de animales marinos, en particular pulpos, cuyos tentáculos se extienden por la superficie curva del vaso.

 

CERÁMICA DE DYPILÓN (siglos IX  al VIII a.C.).

Llamada así porque procede del lugar en el que estaba situada “la doble puerta” por la que se salía al camino de Eleusis, cerca del cementerio del Cerámico de Atenas. Es cerámica dórica, que alcanza su culminación en el siglo VIII a.C. Esto no deja de ser curioso puesto que Atenas presumía de sus antecedentes jónicos.

Esta cerámica servía para contener las cenizas de un cadáver y las escenas suelen representar el funeral.

Características: decoración en bandas horizontales, que perdurará en la cerámica posterior, temas geométricos: meandro o greca y cuando aparece la figura humana se esquematiza en formas también geométricas, lo mismo ocurre con los animales, ambas aparecen desproporcionadas para adaptarse al marco.

 

CERÁMICA orientalizante (siglo VIII a.C.).

En ella tiene mucha importancia la influencia fenicia, que transmite a su vez las egipcias y mesopotámicas. La ciudad de mayor importancia ceramista es Corinto. En esta ciudad se trabaja con arcilla clara lo que hace resaltar las decoraciones, también en bandas, que suelen tener desfiles de animales: leones, jabalíes, ciervos, carneros, etc., en definitiva decoración de tendencia oriental. También hay cerámica de escuela oriental en Beocia, Calcis o Rodas.

 

Características: se introduce una cierta policromía: negro del carbón, óxidos metálicos, un cierto violeta al mezclarlos y emplea el blanco para la carne. El contorno de las figuras lo dibujaban rayando el color y dejando al descubierto el blanco del fondo.

 

CERÁMICA ATENIENSE

A partir del siglo VI a.C.se impone la cerámica ateniense, que convierte todo el cuerpo de la cerámica en el receptor de la escena; así, comienzan a desaparecer las bandas puramente decorativas para dar paso a escenas narrativas (Vaso François, ¿570?, museo de Florencia), que pueden ocupar toda la pieza y que representan cualquier tema, pero especialmente epopeyas,  temas funerarios, desfiles de carros.

Características: se trabaja sobre el fondo rojizo del barro dando un simple barniz negro (engobe) para las figuras (comienza el gusto por las figuras negras) y esmalte blanco para la carne, detalles incisos. En ocasiones hay inscripciones, que corresponden al nombre del pintor.

 

Quizá a finales del siglo VI o mediados del siglo V a.C.la cerámica ateniense alcanza la plenitud tanto en el estilo como en la técnica; así, cambia la policromía y se reserva el color rojo del barro para las figuras y se pinta el fondo negro. Durante la transición se emplearon los dos colores en las figuras. Los detalles se dibujan con engobe negro, que puede llegar a tener relieve y, a veces, se introduce un color castaño dorado, que se consigue al diluir el barniz negro, y que sirve para sombrear. Todo ello da al conjunto una nueva sensación espacial. También comienza el interés por la anatomía y el escorzo. Se representarán los mismos temas y en especial Teseo, los dionisíacos, el gimnasio y la vida cotidiana.

 

 Los lékythos funerarios atenienses, que forman un capítulo especial, también son del siglo V; trabajados en barro rojizo, se recubren con una capa de tierra blanca sobre la que se pinta incluyendo entre sus colores el azul, el amarillo, el ocre e incluso el morado. Sus temas son funerarios ya que estas piezas se utilizan para perfumes en estas ocasiones.

 

CERÁMICA HELENÍSTICA

La cerámica helenística no tiene especial interés artístico, pero nos informa de la vida cotidiana. Atenas deja de ser el centro ceramista más importante. Aparece ahora la cerámica de la Magna Grecia (Italia Meridional), unos vasos llamados apuliotas, que son similares a los colores atenienses, pero para precisar mejor el dibujo y completar la decoración se emplea mucho el blanco con el que se forman rizos espirales, palmeras retorcidas, en definitiva barroquismo.